Propósito de vida
Ikigai es una palabra japonesa que puede ser traducida como propósito de vida. En el libro Neko Café encontré la definición que más me gustó y cito textualmente: Ikigai se define como lo que te hace levantarte cada mañana, tener un Ikigai es como tener fuego en el corazón. Cuando estás haciendo algo que realmente te gusta, el tiempo pasa volando, tu mente se desenvuelve y las ideas fluyen como pez en el agua. Es una de mis palabras favoritas porque implica no solo conocer y explotar tus habilidades, sino poner al servicio de los demás eso que sabes hacer de manera excepcional, mejor que nadie. El diagrama de abajo muestra todas las áreas que se involucran para conocer tu propósito y como conocerlo puede darle un cambio a tu vida laboral y en general.

Mi Ikigai
Cuando era muy pequeña como de 5 años, quería ser bailarina, me encantaba la música clásica, el cascanueces, el vestuario de ballet, la elegancia de las bailarinas. Yo era una niña chinita y rellenita, sin estereotipos aún creados en mi cabeza. Mi madre me llevó a la mejor academia de ballet de la ciudad, la maestra dijo que aunque no cumplía con el estereotipo del ballet clásico, me harían algunas pruebas y pasé con éxito y muy a pesar de la dueña. Me quedé y durante varios años practiqué la disciplina con mucho entusiasmo, con mucha dedicación, me llenaba de felicidad preparar mi maletita para irme a cada ensayo, participar en los festivales y aprenderme las coreografías. Sin embargo, llegó la adolescencia y pues con eso un poco más de curvas, ya no me sentía bien practicando ballet porque mi cuerpo era muy diferente a las compañeras de mi edad. Dejé ir ese sueño, pero recuerdo que fue la primera vez que sentí esa emoción de hacer lo que me gusta, con tanta pasión y disciplina, que defendí mi deseo por practicarlo hasta que ese fuego se apagó.
Luego soñaba con ser diseñadora de moda, mi padre me dio dos opciones, o me iba a estudiar a Grenoble francés con mi tío que vivía allá, o estudiaba ¨algo que me diera de comer primero¨ y luego ya me dedicaba a lo que quisiera; mi padre era muy progresista pero tenía una gran desconfianza en las escuelas de moda de ese momento y como marcarían mi futuro; me dijeron que de la moda no iba a comer, sin embargo ahora lo hago, aunque llegar a este punto me tomó 10 años después de la prepa.
Empecé mi carrera en HSBC Banca Privada, la casa de bolsa del banco. Me certifiqué como asesora en estrategias de inversión por la CNBV y tuve la oportunidad de aprender de los mejores brokers, de su entusiasmo, su calma, la atención al detalle en sus operaciones, como vendían productos financieros, pero sobre todo su pasión por atender a los clientes y mantener esas relaciones comerciales de forma exitosa teniendo inversiones redituables, haciendo un manejo de cartera y portafolios excepcional. Ahí, en ese trabajo, mi corazón se sintió muchas veces entusiasmado, porque lograr la certificación era algo que ni siquiera había imaginado, aprender del mundo financiero tampoco, pero ahí estaba yo.
Sin embargo siempre mantuve la inquietud de trabajar en la industria de la moda, no sabía haciendo exactamente que. Fue así como encontré una maestría en Dirección de empresas de moda, por el ISEM Fashion Business School Universidad de Navarra, en Madrid. Con una beca crédito, con una beca del 50% por parte de la universidad y con la venta de mi carro me fui, con una maleta y muchos sueños. En mi primera clase en la maestría se presentó Enrique Loewe, de la familia Loewe, yo le hice una pregunta, que la verdad no recuerdo pero estaba yo emocionadísima de estar ahí, estudiando. El premio mayor me lo saqué cuando buscando lugares para hacer mis prácticas profesionales, llegué a LOEWE, al departamento de desarrollo de producto, empecé como becaria, con cosas muy básicas como clasificación y conocimiento de materiales, y sus nombres en inglés, porque uno cree que habla inglés, pero no tienes la jerga de la industria. Todos los días me levantaba a las 6,30 am, tomaba 4 tipos de transporte público para llegar a trabajar a las 9am, me inventaba looks y outfits, porque por fin había llegado al lugar donde podía darle rienda suelta mi vestuario calificado de raro. Me tocó el desarrollo de la colección de Paris, la sesión de compras, y con mucha suerte mi jefa me postuló para un puesto en Hong Kong. Con la ayuda de muchas personas, después de varias entrevistas, me dieron el puesto de Manager de desarrollo industrial para Loewe en LVMH Asia Pacífico, en Hong Kong. Nunca había estado en Asia, pero con mucha valentía, agradecimiento y felicidad, tomé la oportunidad. Durante esta etapa, aprendí a resolver problemas, no solo del trabajo, sino las barreras del idioma, hacer amigos, andar en el transporte público en una ciudad tan cosmopolita; pude viajar por China y Asia en general por trabajo y por placer. Otra vez, trabajaba con los mejores, en el consorcio de moda más grande del mundo, resolvía problemas, buscaba soluciones para el negocio y los productos, pero también para mi vida diaria, que era diferente de la que tenía en México. Mi corazón estaba llenito de fuego, de agradecimiento, de fuerza durante todo este tiempo.
Luego tuve que volver a México, pero seguí en la industria, trabajé con varias empresas desde marcas con mucho volumen, hasta marcas premium y de diseño de autor. Aunque trabajé con los mejores en México, de repente caí en cuenta de que ya no lo estaba disfrutando, ese fuego se empezó a apagar. Entonces decidí hacer una pausa, quería tener una vida con un enfoque más holístico, en donde mis habilidades tuvieran un beneficio para ambas partes, donde pudiera disfrutar de mi vida como un todo, no solo del trabajo, que hasta ahora había sido mi gran enfoque. Reconocer que mi trabajo es lo que hago para ganarme la vida pero no mi vida misma, fue un gran paso. Me casé hace 2 meses (después de ser una fiel creyente de que la soltería era el mejor estado civil) disfruté de la planeación y de cada detalle de la boda, disfruté la compra de muebles y decoración para la casa, tuve tiempo de leer libros enteros, artículos diversos, escuchar podcasts de opinión y de inversiones, reconectar con familia y amigos, cosas sencillas que dan vida y que no hacía desde hace años.
Es así como llego, de nuevo al mundo laboral, después de 5 meses, llego mejor calibrada, más conectada con quien soy yo y cuál es mi propósito, que es encontrar soluciones a problemas de una forma creativa. Me gusta la estética y aprecio la belleza de las cosas, eso me ha abierto el panorama para tomar nuevas oportunidades. Me junté con amigos que trabajan en la industria, estamos cocinando nuevos proyectos de diversa índole, en donde estoy volcando todo mi corazón y mis herramientas de investigación, porque la creatividad no es suficiente; no trabajo para ninguna marca pero a la vez, me dedico a la expansión comercial de varias, que están alineadas con mi forma de trabajar, mis valores y objetivos; soy consultora de proyectos y marcas, me encanta diseñar herramientas que son útiles y valiosas para el equipo y el crecimiento del proyecto; disfruto el desarrollo de estrategias para el lanzamiento o crecimiento de marcas, investigo y me mantengo actualizada, así el tiempo se me va rapidísimo. Mi esposo, que también es mi socio, es un elemento clave en este cambio de perspectiva, porque aunque he tenido mucha suerte en la vida, muchas oportunidades, gente que me ha ayudado mucho, nada se compara con la felicidad, la paz y el balance que tengo en este momento, mi vida está en equilibrio.
Este es el link para hacer el test de Ikigai: https://ikigaitest.com/es/
Este es mi resultado, bastante acertado. SI me lees, coméntame cuál es tu propósito de vida, y si actualmente estás ganándote la vida haciéndolo, te aseguro que conocer lo que te gusta hacer puede traer grandes cambios a tu vida, y que siempre es un buen momento para recalcular la ruta.
